"Magnífica Humanitas", la enciclopedia digital del Papa sobre IA, datos y poder digital

 

El 25 de mayo de 2026 se presentó oficialmente Magnifica Humanitas, la primera encíclica de León XIV, firmada el 15 de mayo y dedicada a la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial. Es un documento largo y con mucha teología, pero contiene ideas que cualquier persona interesada en privacidad y derechos digitales puede reconocer, independientemente de la fe que profese.

Una nota antes de empezar: para escribir este post se ha usado el texto oficial de la encíclica y el discurso de presentación. Cuando una idea venga de cada uno, se señalará.

El poder tecnológico ya no está donde estaba

El párrafo 5 de la encíclica hace una observación que de religiosa tiene poco y de precisa bastante: «En el pasado, eran principalmente los estados los que impulsaban y orientaban la innovación. Hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos.»

Y remata: ese poder tecnológico «adquiere así un rostro inédito, predominantemente ‘privado’, y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común.» Es exactamente lo que llevan años diciendo reguladores y activistas de derechos digitales, formulado desde otro lenguaje.

La frase más famosa, en su sitio

El párrafo 9 dice que la tecnología «no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe, la financia, la regula, la utiliza.» Cuatro actores, no uno. El documento no carga la responsabilidad moral solo sobre las empresas: la reparte entre todos los que tienen poder sobre la tecnología, y eso incluye explícitamente a quien la regula. Sacar esa frase para defender una postura regulatoria concreta es, como mínimo, leer solo media frase.

La persona convertida en datos

El párrafo 10 introduce lo que León XIV llama el «síndrome de Babel». Dentro de esa idea hay una frase que cualquiera que trabaje en privacidad va a reconocer: la crítica a «la pretensión de un lenguaje único, incluso digital, capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos.»

Eso es, en lenguaje del Vaticano, la crítica al scoring crediticio, al perfilado publicitario y a los sistemas que reducen a una persona a un conjunto de métricas optimizables. El Papa lo plantea como problema moral. El fondo es el mismo que señala la crítica técnica.




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